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Trump paraliza a la industria automotriz: “las empresas están vueltas locas”

La incertidumbre se convirtió en la única certeza para la industria automotriz en Norteamérica. Los fabricantes de vehículos pasaron de diseñar escenarios ante la amenaza de aranceles impuestos por Estados Unidos a una postura de absoluta cautela. Hoy, la respuesta más común entre los ejecutivos del sector es la misma: “No sabemos qué va a pasar y vamos a esperar a tener las reglas claras”.

En los últimos dos meses, la reacción de la industria ha evolucionado. Inicialmente, los equipos directivos realizaron análisis y evaluaciones de viabilidad ante un posible golpe arancelario, pero la complejidad de los escenarios y la falta de claridad en las medidas los ha llevado a la inacción. “Al principio sí sentimos nerviosismo en el top management. Se hicieron algunos análisis de viabilidad, pero luego nos dimos cuenta de que había tantos supuestos sin certeza que preferimos esperar”, dijo Rubén Hoyo, Gerente Nacional de Planeación de Producto de Kia en México.

Una persona cercana a la industria automotriz aseguró que las empresas están “vueltas locas” por la cantidad de veces que les han cambiado las reglas del juego. Aunque la expectativa era que el anuncio sobre los aranceles ocurriera hasta abril y estuviera en línea con el cumplimiento del T-MEC, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tomó por sorpresa al sector al adelantar la medida e imponer una nueva restricción: solo el contenido de origen estadounidense en vehículos y autopartes podrá quedar exento de la tarifa.

México y Canadá serán los únicos dos países que podrán reducir la carga arancelaria mediante este mecanismo, pero aún no hay claridad sobre cómo se calculará el contenido estadounidense en las autopartes. “En el caso de los vehículos completos, ya hay una metodología establecida en el T-MEC para determinar el contenido proveniente de cada país, pero en autopartes aún no hay un procedimiento definido”, detalla la fuente consultada bajo condición de anonimato.

Hasta ahora, los fabricantes de vehículos en México han cerrado filas con el gobierno mexicano para que sea la presidenta Claudia Sheinbaum, junto con la Secretaría de Economía, quienes negocien directamente con la administración de Trump. Aunque en el sector ya se da por hecho que los aranceles sí se aplicarán, persiste una pequeña esperanza de diálogo a través de la Secretaría de Economía para suavizar el impacto.

“Lo que está haciendo la presidenta Sheinbaum es correcto al decir que no se van a anunciar medidas hasta que no llegue el 3 de abril y se sepa bien cuáles serán las condiciones de Estados Unidos”, señaló la fuente.

 

“Costos y mucho caos”

 

Desde enero, Trump ha jugado con la industria automotriz, anunciando, posponiendo y modificando los términos de los aranceles. Su política comercial ha causado un caos sin precedentes en todos los niveles de la cadena de valor. “Hasta ahora solo vemos costos y mucho caos”, dijo el CEO de Ford, Jim Farley, en febrero.

Ford ya ha estado en la mira de Trump antes. Durante su primer mandato, la empresa canceló una planta en México, avivando la retórica proteccionista del entonces presidente. Sin embargo, en lugar de construir una nueva fábrica en Estados Unidos, Ford eligió México para producir su primer vehículo eléctrico, el Mustang Mach-E. Hoy, según datos del gobierno de Estados Unidos, este modelo tiene un 91% de contenido regional, de los cuales el 78% proviene de México y solo el 13% de Estados Unidos y Canadá. Ahora, Trump busca revertir ese equilibrio.

El argumento del presidente estadounidense es que el T-MEC no ha generado los resultados esperados y que la dependencia de las importaciones automotrices amenaza la seguridad nacional.

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